uando hablamos de las tecnologías que atraviesan nuestro día a día, es muy común que nos preguntemos "¿A dónde vamos a ir a parar?" Cada día vemos más y más a los dispositivos tecnológicos meterse en nuestras vidas. "Siri: buscar carnicerías", "Google: programar alarma para las siete de la mañana". ¿Hubiésemos imaginado hace 15 años atrás estar hablándole a un pedazo rectangular de tecnología? Pero peor que esta pregunta es, ¿qué sucedería en nuestras vidas si hoy nos sacan ese pedazo rectangular de tecnología?
Muchos han dicho, y coincido, en que la tecnología llegó para quedarse. Y en todo nuestro entorno. Inclusive en las escuelas y universidades. Muchas veces escucho esa frase "yo crecí sin ese aparatito y no me morí". Y es verdad, esa persona no se murió por no tener la tecnología que hoy existe, pero tampoco se muere la persona que si tiene esa tecnología. Para mi es mucho más común pensar "... lo que yo hubiese dado por tener esta tecnología hace 15 años." Y esto es porque hace 15 años estaba iniciando mi trabajo de tesis doctoral en la Universidad Nacional del Comahue.
15 años atrás
Ah, allí está. La puerta de ingreso de la Universidad. No ha cambiado mucho en los últimos años, sin lugar a dudas. Lo que si cambió es la forma en que los estudiantes e investigadores nos relacionamos con la información. Y es que sucede que cuando ingresé a la universidad las palabras "celular", "laptop" o "notebook" eran totalmente desconocidas. Y ¿cómo llevábamos adelante una carrera universitaria? Pues, con libros ¡claro! Nadie hubiese pensado algo diferente. Y ¿cómo sabíamos si algún docente faltaba o nos comunicábamos? Por teléfono... ¿De qué otra manera sino? ¡Caramba!
Hace 15 años atrás habíamos logrado el hito del almacenamiento masivo: el CD con sus insuperables 700 mb de capacidad. Algún loco estaba soñando con un tipo de disco de mayor densidad, que pudiese acumular hasta 4,5 Gb de información. Pero claro, era un loco... ¿Para qué se necesitaría tanta capacidad de acumulación de información?
El acceso a internet en esas épocas era limitado. Contábamos con una conexión a la empresa Speedy de 250 kbps (era lenta), con lo que bajar un artículo de investigación de 3 mb demoraba aproximadamente 10 minutos. La vida era más lenta, y más hermosa.
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